
Expresionismo
Madonna
Edvard Munch, 1894
La figura parece flotar con los ojos cerrados entre ondas oscuras y un aura rojiza. La escena mezcla ternura, deseo y un tono casi sagrado.
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Obras
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Expresionismo
Edvard Munch, 1894
La figura parece flotar con los ojos cerrados entre ondas oscuras y un aura rojiza. La escena mezcla ternura, deseo y un tono casi sagrado.

Expresionismo
Henri Matisse, 1905
El rostro y la ropa estan construidos con verdes, rosas, azules y naranjas que no buscan parecer reales. La pintura convierte un retrato en un estallido de color.

Expresionismo
Wassily Kandinsky, 1903
Un jinete azul cruza el paisaje a toda velocidad, casi fundido con los arboles y la loma. La obra importa mas por el impulso y el color que por el detalle.

Expresionismo
Edvard Munch, 1894
La joven esta sentada al centro, rigida, iluminada y vulnerable, mientras una sombra oscura crece detras de ella. La imagen convierte un momento intimo en una sensacion incomoda.

Expresionismo
Vincent van Gogh, 1888
Las mesas vacias, el piso torcido y la luz roja hacen que el bar parezca insomne. La escena tiene algo acogedor y perturbador a la vez.

Expresionismo
Ernst Ludwig Kirchner, 1908
La avenida se llena de rostros afilados, sombreros oscuros y colores que chocan sin descanso. La ciudad se siente elegante y nerviosa al mismo tiempo.

Expresionismo
Edvard Munch, 1893
Una figura se tapa el rostro mientras el cielo parece gritar con ella en franjas naranjas y rojas. Todo el paisaje se tuerce como si tambien sintiera miedo.

Cubismo
Fernand Léger, 1913
Cilindros, curvas y bloques negros se equilibran con zonas rojas, azules y cremas como si fueran piezas industriales. Ya casi no importa el objeto: importa el ritmo.

Cubismo
Sonia Delaunay, 1914
Círculos, curvas y colores se expanden como si la luz se hubiera roto en varias ondas vivas. La obra parece vibrar sin quedarse quieta un instante.

Cubismo
Roger de La Fresnaye, 1914
Banderas, fachadas y gente forman una celebración ordenada por líneas limpias y colores claros. La fiesta se siente construida como una arquitectura alegre.

Cubismo
Robert Delaunay, 1913
Jugadores, rueda, letreros y cielo compiten en una escena vibrante que parece moverse en varias direcciones a la vez. El deporte se vuelve pura modernidad visual.

Cubismo
Juan Gris, 1915
El mantel cuadriculado funciona como una malla que sostiene botellas, platos y planos de color. Todo parece encajar con una lógica muy precisa.

Cubismo
María Blanchard, 1917
Las formas se empujan unas a otras en una red compacta de marrones, grises y toques de color. La pintura parece hecha de peso y equilibrio.

Cubismo
María Blanchard, 1916
La figura se compacta en bloques rosados, negros y marrones mientras el abanico marca un gesto elegante pero firme. Todo se siente denso y muy controlado.

Cubismo
Roger de La Fresnaye, 1911
Jinetes, piezas de artillería y ruedas se arman en una composición dura pero elegante. La escena transmite movimiento sin perder estructura.

Cubismo
Roger de La Fresnaye, 1913
Globos, mástiles, figuras y cielo se organizan como si el aire también estuviera construido por planos. La obra celebra la modernidad con calma y orden.

Cubismo
Fernand Léger, 1910
Los cuerpos y los troncos parecen cilindros y piezas metálicas mezcladas en una sola masa. La naturaleza casi se vuelve máquina.

Cubismo
Robert Delaunay, 1912
Los paneles de color parecen abrir varias ventanas al mismo tiempo sobre una ciudad casi abstracta. La obra se siente como luz organizada en bloques.

Cubismo
Robert Delaunay, 1912
Torres, figuras y planos de color convierten la ciudad en una escena enorme y vibrante. París aparece más como ritmo visual que como vista exacta.

Cubismo
Albert Gleizes, 1911
El cuerpo y el entorno parecen comprimirse en facetas amplias que giran alrededor de la cabeza. Es un retrato denso y muy cerebral.

Cubismo
Albert Gleizes, 1912
La figura ocupa casi todo el cuadro como una estatua hecha de planos grandes y firmes. Se siente pública, sólida y muy consciente de su presencia.

Cubismo
Juan Gris, 1917
Un vaso, una mesa y un patrón de cuadros se convierten en una escena precisa de líneas limpias y planos muy controlados. La pintura se siente exacta y viva a la vez.

Cubismo
Juan Gris, 1915
Los objetos de la mesa y la vista exterior se cruzan como si interior y calle formaran un mismo rompecabezas. Todo está ordenado, pero nunca quieto.

Cubismo
Juan Gris, 1914
La mesa, la cara, la ropa y el entorno se vuelven planos inclinados que encajan como piezas. Aun así, se siente claramente la presencia del personaje.